Penélope, el libro que pudo haber escrito una servidora

Penélope, la asesina del pene.

Tal cual, un libro con ese título cayó en mis manos casi por casualidad y por supuesto no pude evitar caer en la tentación de leerlo. Y tampoco podía evitar contaros lo que siento al respecto.

Sí, este libro podría haberlo escrito yo porque:

  • Es provocador. Mucho. Y políticamente incorrecto.
  • También es 100% erótico, cosa difícil de encontrar hoy en día.
  • No se trata de novela romántica encubierta, ni de sexo porque sí. Esto es pura provocación, a lo largo de todo el libro.
  • Si buscas algo comercial o convencional, no lo encontrarás aquí.
  • Al final, los buenos no son lo que se espera que sean y los malos tampoco. Porque en el fondo el Bien y el Mal no existen.
  • Invita a reflexionar, es muy dura y con cierto punto gore que me encanta.
  • También tiene un punto salvaje, a veces incluso desagradable
  • …Y todo esto en un ambiente decadente con toques de novela negra.

Así que sí, hasta aquí esta novela llevaría mi sello. Pero no, no la he escrito yo. Si la lees, te darás cuenta enseguida.

Y no la he escrito yo porque está mal escrita. No, no trato de tirarme flores, ni quiero decir que yo no tenga fallos. Estoy diciendo que esta obra en concreto está ofensivamente mal escrita en muchos aspectos. Hay fallos que se podrían discutir, pero a este nivel la autora está insultando a todas esas personas que escriben y se toman en serio su trabajo. Y no solo a escritores, sino también a editores, maquetadores y correctores. Si hubiera pagado por este libro, habría reclamado mi dinero de vuelta.

Cualquiera me dirá que son cosas de la autoedición, que simplemente la autora quería cumplir su sueño de publicar para tener su minuto de gloria. Bien por ella. Pero resulta que en la portada (que está en el lado incorrecto, por cierto), se especifica el nombre del corrector. Espero que no hayan pagado al tal Higinio Zapata, porque mi hijo de diez años habría hecho su trabajo mejor con una venda en los ojos. Higinio, si me estás leyendo, prueba suerte con el parchís.

Este libro parece ser el resultado de una noche en que la autora estaba borracha, drogada, fumada o todo a la vez.

Imaginemos a Katy en casa con sus colegas, que entre copa y copa hacen una apuesta a ver quién escribe algo más desacertado. Gana ella porque los demás no tienen fuerzas ni para escribir dos frases seguidas. Todos aplauden y se ríen.

A la mañana siguiente, orgullosa de su texto y sin mirar atrás, Katy entra en una de esas webs de autoedición, cortipega el texto y lo manda. Luego se hace unas fotos con los amigos que quedan en su casa, unos cuchillos y tal para darle “ese toque”, y las añade al texto. Y para que quede más serio, pone el nombre de su amigo Higinio como corrector, que sigue ahí tirado en su sofá. Eso siempre vende, y seguro que nadie lo comprueba, además es el único que tiene estudios. Concretamente de Medicina, aunque no haya terminado la carrera. Pero eso qué más da, corregir un texto lo puede hacer cualquiera, ¿a que sí?

Así debió surgir esta “obra”. Si no, no se explicaría que tenga tantas faltas en todas y cada una de sus páginas.

Las de ortografía son incontables, y con una lectura poco profunda hubiera bastado para detectarlas y corregirlas. Algunas de ellas hacen que te sangren los ojos.

Hay errores de maquetación y puntuación que a veces hacen que sea difícil seguir el hilo de la narración. Con las faltas de gramática sucede lo mismo.

Decir que el vocabulario es pobre sería hacerle un favor a esta muchacha: Abuso de clichés y expresiones repetidas, en especial metáforas descertadas que al menos yo todavía no sé exactamente lo que significan (por favor, si alguien sabe lo que es exactamente un “coñito perlado“, me lo explique).

Mención aparte, y de esto hablaré en otro post, merece el uso del pronombre demostrativo (“este”, “esta”) en vez del personal (“él”, “ella”) o el relativo (“que”…). No me preguntéis por qué, pero conozco a muchos escritores que lo usan incorrectamente y/o abusan de él. Ni es necesario ni normativo en muchos casos, pero es que en este libro clama al cielo.

Este fragmento está sacado tal cual del libro, no me culpen a mí:

–¡Puta! ¡Estás loca! ¡Suéltame! –forcejeó, pero Penélope lo había amarrado bien.

 

La asesina se desabrochó los botones del vestido y se quedó desnuda. Se puso de cuclillas a la altura de su boca y se orinó, llenándosela. Este escupió con asco. Penélope se levantó y a propósito le pisó un ojo con el tacón de punta fina; se lo clavó sin compasión. Tomás gritó y el eco retumbó en el templo.

También, aunque más difíciles de detectar y a veces podrían ser discutibles, hay errores en la trama y el desarrollo de los hechos.

Y por último, en general estas obras no necesitan mucha documentación, pero sí la suficiente como para conocer los lugares que se describen si el lector puede identificarlos como reales. Si no has estado en un sitio concreto, al menos deberías preocuparte por escribir correctamente el nombre de ese lugar y describirlo de una manera relativamente fiel. Si no, simplemente no lo describas.

Antes de terminar, diré que, por muy transgresor que pretendas ser, de una novela escrita con la fuente “Comic Sans  no se puede esperar más.

Y con esto termino, no porque la obra no merezca un análisis más detallado, sino porque a pesar de todo me gustaría retaros a leerla y a descubrir por vosotros mismos las atrocidades que la “autora” ha cometido y que se hubieran arreglado con una buena planificación, una buena revisión y una buena corrección. Eso sí, si alguien se atreve a ello, que me lo diga y con mucho gusto le cederé mi ejemplar, que como he dicho comprarlo sería un crimen peor que haberlo escrito.

Estáis invitados a sentiros indignados, provocados y horrorizados.

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